viernes, 7 de marzo de 2014

DÍA DEL SEÑOR DE LA ESCALERA

El viernes 7 de Marzo estará abierto desde las 8.30 de la mañana, hasta las 9.30 de la noche (ininterrumpidamente), en nuestro convento, la estancia en la que se encentra la imagen del Señor de la Escalera.



ORACION ANTE LA IMAGEN:

Tú que pasas mírame
repara bien en mis llagas
y verás que mal me pagas
las sangre que derramé.

miércoles, 5 de febrero de 2014

OCHO SIGLOS DE HISTORIA DE LAS CLARISAS EN ESPAÑA

Esta monografía sobre las clarisas en España constituye un hito relevante en la historiografía franciscana. María Fernanda Camín, monja clarisa, tiene en su haber una producción historiográfica tan lograda en el presente como prometedora en el futuro. Este trabajo viene a ser el edificio completo que ha ido construyendo con materiales elaborados tras años de pacientes investigaciones provenientes, principalmente, de las obras que realizó: una, con C. Sánchez Fuertes sobre la Reseña histórica de los monasterios de clarisas de España y Portugal, en dos volúmenes (1996 y 2012), y, la otra, sobre los 50 años de historia: Federación del Sagrado Corazón, HH. Clarisas de la Provincia de Santiago (2007). La autora manifiesta que junto a su “intento de ofrecer una visión de conjunto de la Orden de Santa Clara en España, su evolución y algunos aspectos particulares, y consignar también todas aquellas fundaciones realizadas a lo largo de estos ocho siglos [349 monasterios en España]” hay también un merecido homenaje a cuantas “mujeres consagradas a Dios como clarisas a lo largo de ocho siglos, salvo contadas excepciones, no han pasado a la historia, sino que han quedado ocultos en sus monasterios” (pp. 7-8). 

Es de justicia reconocer, una vez más, el alto valor que la vida religiosa femenina ha tenido y sigue teniendo para el sostenimiento del edificio espiritual de la Iglesia. Uno de los méritos de esta obra, entre otros, está en reconstruir desde sus propios orígenes la historia de las fundaciones de Santa Clara en España desde el siglo XIII al XX. Y al hilo de las fundaciones su autora ha ido, con precisión y rigor, marcando aquellos criterios de la espiritualidad clariana y reformas que se fueron manifestando a lo largo del tiempo y se concretizaron en la diversidad de manifestaciones del carisma de Santa Clara. A la par, justo es decir, el acierto de María Fernanda, que posiblemente sin pretenderlo, ha contribuido a acercar la historia y espiritualidad de la Segunda Orden franciscana a aquellos que, en los campos de la teología, historia o arte …, se hallaban necesitados de unos conocimientos claros y precisos para entender y comprender sus propios ámbitos de estudio. 

Son doce capítulos con un epílogo, elenco sumario de los monasterios fundados en España, índice de cuadros e índice onomástico y toponímico, los que componen esta monografía. En el primer capítulo presenta el desarrollo legislativo de la Orden de Santa Clara para poder comprender el origen, espíritu, asentamiento y desarrollo de la Orden en España (9-18). En el capítulo segundo se centra en el origen de los monasterios de clarisas en España en el siglo XIII, comenzando el desarrollo histórico por el llamado “protomonasterio de Santa María de las Vírgenes de Pamplona”. (19-44). En el tercero y cuarto se describen las fundaciones de los siglos XIII al XV y sus respectivos patronazgos, condición social de las monjas, motivaciones fundacionales de los patronos. (45-112). Merece una atención especial el capítulo V: La época de las reformas. Una constante en la historia de la Iglesia y particularmente en la familia franciscana ha sido el permanente espíritu de reforma, apoyado por la política de los siglos XV y XVI. (3-112). Capítulo VI: las fundaciones del siglo de Oro, cuyo crecimiento y expansión fue uno de los rasgos más característicos en sus más variadas expresiones, con un número de 88 monasterios de urbanistas, coletinas, descalzas no coletinas y uno de capuchinas. (112-136). En el capítulo VII, sin perder el hilo del devenir cronológico, la autora se detiene en la descripción de la vida interior del monasterio: oficio divino, vida penitencial, trabajo,  gobierno, noviciado, enseñanza de niñas … (136-152). En el VIII describe las fundaciones de los siglos del Barroco (152-181) y en el IX se detiene en uno de los siglos más tumultuosos de la historia de la Iglesia como fue el XIX con el anticlericalismo, supresión de monasterios y nuevos monasterios, en los últimos decenios con la restauración político-religiosa en España (183-204). Concluye la narración histórica  con las fundaciones en el siglo XX, un total de catorce, y sobre todo la incorporación a la Orden de Santa Clara de 23 monasterios de terciarias franciscanas regulares (204-218). Finaliza la monografía con el capítulo XI en la que expone la  legislación a través de los siglos: Constitución Apostólica Sponsa Christi y las Federaciones (218-225) y las Constituciones de la Orden de Santa Clara. 

Se concluye el libro con un epílogo que reza:  Siglo XXI: ¿Ocaso o amanecer? O Clara multimode titulis praedicta  claritatis. Si son muchos los méritos de esta preciosa obra de historia de la Segunda Orden de San Francisco, no es menor los instrumentos que la autora nos brinda para su lectura.

P. Pedro Riquelme

miércoles, 29 de enero de 2014

LAS BIENAVENTURANZAS



En aquel tiempo, el ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles:
 
Dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz porque ellos se llamarán "los hijos de Dios". Dichosos los perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Mt 5, 1-12
 
1.- Jesús anuncia que el Reino pertenece a los pobres, a los hambrientos y a los que lloran, por eso son dichosos, o bienaventurados. Declara las paradojas como si fuera un nuevo Moisés que desciende del Sinaí revestido de autoridad. Así proclama el nuevo proyecto de Dios sobre su pueblo, que son «palabras de vida» (Hech 7,38).
 
Las cuatro primeras Bienaventuranzas son una proclamación de la inminencia de la llegada del Reino, siguiendo la declaración de Is 61,1-2 de la intervención liberadora de Dios sobre los pobres, hambrientos y afligidos al final de los tiempos. Copian la corriente del Antiguo Testamento de que Dios sale en defensa de los que sufren, transforma su penosa situación y les regala una vida llena de gozo. Jesús anuncia la buena noticia del cambio en el espacio de los marginados y, por consiguiente, les crea una esperanza de salvación. Y dicho anuncio lo ratifica con su conducta, cuyo estilo de ser es una verdadera revelación de la bondad salvadora de Dios. Lo que se advierte en las cuatro Bienaventuranzas es la nueva disposición de Dios que recrea para bien la situación de los que sufren por cualquier causa.

2.- La primera exigencia del Reino es la misericordia (5ª). Dios se presenta misericordioso con los necesitados y con los pecadores y esta conducta divina determina los comportamientos de los justos y constituye una de las actitudes fundamentales de Jesús que simboliza la presencia del Reino. Usa de la misericordia con los publicanos, con los enfermos y los pecadores. Por eso afirma su prioridad sobre el sacrificio e identifica la relación de amor de Dios con los hombres. 
 
Los limpios de corazón (6ª) recuerdan a aquellos que colman la profunda aspiración del creyente judío de estar purificado de toda idolatría para mantener una relación íntegra con Dios en contra del formalismo y la impureza. De ahí la promesa del encuentro definitivo con Dios: «verán a Dios», no de contemplación estática, sino de comunión de vida. El acceso a Dios es el final de la sintonía, no exenta de opacidades, que sucede en el tiempo entre Dios y el creyente, tanto en la oración personal, como en la oración en común en el templo tributándole el culto debido.
            Bendito es quien favorece la paz y el amor (7ª). La paz, como don de Dios y como quehacer humano, junto con el amor y el honor debido a los padres, es una condición de cuando se inaugure por completo el Reino de Dios, que permanece en el mundo futuro, y es allí donde se revelará la dimensión filial por la que todo viviente participará de la vida propia de Dios. Por eso los que trabajan por la paz, en cuanto actividad divina, «se llamarán hijos de Dios».

            3.-  La persecución por la justicia o por cualquier causa reproduce la misma condición de sufrimiento que la de los pobres, los hambrientos y los que lloran (8ª-9ª). Sin embargo se expone aquí el futuro para unos cuantos cuyo sufrimiento se les retribuirá al final frente al presente de la pobreza. La causa de la persecución es la fidelidad a Jesús; como él fue rechazado, también lo son sus discípulos. Pero es preferible esta situación límite, que Mateo apostilla «con falsedad», antes que el halago, pues como Dios resucitó a Jesús, también puede cambiar a su discípulo la desdicha en dicha, la pena en alegría. Otra vez las circunstancias se invierten, pero sin revancha por parte de los perseguidos sobre sus perseguidores. El gozo interior que entrañan estas experiencias negativas proviene de la conciencia de que Dios les va a recompensar y no del valor que comportan dichas incomprensiones: «Saltad entonces de alegría, que vuestro premio en el cielo es abundante» (Lc 6,23).
 
Francisco Martínez Fresneda, OFM
           

viernes, 3 de enero de 2014

3 DE ENERO, DULCE NOMBRE DE JESÚS


El Santísimo Nombre de Jesús, invocado por los fieles desde los comienzos de la Iglesia, principió a ser venerado en las celebraciones litúrgicas en el siglo XIV. Por su parte San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron este culto a lo largo y ancho de Italia y de Europa. Como fiesta litúrgica se introdujo en el siglo XVI. Y en 1530 el papa Clemente VII concedió por vez primera a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.

jueves, 2 de enero de 2014

¡FELIZ AÑO NUEVO!

La comunidad de hermanas clarisas de Mula os desean Feliz Año Nuevo, que este año 2014 nos traiga mucha alegría y paz en el Señor y que nuestros Padres Francisco y Clara nos sigan guiando en el camino hacia Él.